jueves, 30 de abril de 2009

Seis años y haciendo...


Mi estado, como ya sabéis queridas (¿dos?) lectoras, fluctúa, en un ir y venir de momentos y sentimientos contradictorios. Ahora mismo, me debato entre si escribir un post o quedarme mirando las musarañas (práctica habitual y extendida en demasía últimamente).

Varias cosas me hacen reflexionar hoy, 30 de abril. Cumpleaños de mi padre, de mi ex y, en cierto modo, mío. Hace seis años, tal día como hoy, entraba en un quirófano. Me detectaron un nódulo en las tiroides, había que extirparlo.

Retroceder en el pasado no es nada nuevo para mí. Aunque cada vez menos, ha sido fuente de alimentación continua y recurrente. Mirar hacia atrás no tiene ventaja alguna, salvo la sensación de saber que todo lo malo (y lo bueno, claro) ha pasado. Además, la satisfacción de sentir que has vivido lo que te tocaba vivir te anima a encontrar la calma necesaria para cerciorarte de que aún te quedan muchos momentos para seguir compartiendo, para sentir e incluso sufrir. Muchos sí, aún por-venir.

Aunque mi tendencia aprensivo-hipocondriacoide siempre va a mi verita, he conseguido racionalizarla en la medida de lo posible. Cada año vuelvo a revivir lo que significó para mí el que, literalmente, me abrieran el cuello en canal. No poder levantar la cabeza por el debilitamiento de los músculos y sentir como si un tronco (con corteza incluida) me hubiera pasado por la garganta recreándose. Desvalida, débil e inútil, me aboqué a los cuidados de los que me querían (no sé qué hubiera hecho sin ellos. Gracias siempre). La recuperación fue lenta...

¿Aprender? No sé qué aprendí, la verdad. Que cuando te toca, te toca, es asíN. Que en el momento más inesperado te puede cambiar la vida, para bien o para mal. El coraje, la fuerza de superación, es relativa. Yo, si la tuve, no fui consciente. Pasé el proceso, nada más.

Ufff, es un tema algo denso y me estoy agobiando... La cuestión: aquí estoy, con los mismos quebraderos de cabeza que tenía antes de entrar en el matadero. Quizá más serena en aspectos de mi vida y algo menos impaciente. Más a la espera que actuando. Dejándome llevar por el día a día. Planes cortos, inmediatos. Curioso, siempre me he considerado una persona demasiado planificadora. Es posible que uno de los aspectos que haya cambiado tras la operación sea éste, no plantearme las cosas a demasiado-largo plazo. Me doy cuenta de que cuando alguien me pregunta cómo estoy, mi respuesta es siempre la misma: voy haciendo, poco a poco. Y eso es lo que quiero, no dejar de hacer, aunque sea pasito a pasito, cual muñeca de Famosa (qué repipi, no?). Cuando dejamos de hacer, por mal camino vamos.

Y creo que es momento de acabar este post. Mi idea no era la de revivir aquello, ni mucho menos la de provocaros angustia. Simplemente me salió. Teniendo en cuenta que para mí todavía resulta algo extraño (en ocasiones incómodo), abocar una serie de pensamientos que van a ser leídos y a veces, incluso juzgados, lo último que quiero es agobiar al personal (lo sé, la lectura no es obligada).

Me hubiera gustado escribir un post menos dramático, porque repasando lo que llevo escrito desde que empecé a bloggear, ole y ole, soy la alegría de la huerta!! Espero que en el próximo, el optimismo desaforado y la extrema alegría impregnen todo lo que de mi boquita salga. Hasta entonces, VOY HACIENDO.

3 comentarios:

  1. Yo creo que lo mejor de un blog es la sensación de haber soltado lastre después de escribir un post. Es algo así, como quitarse algo de encima. Yo la tengo muchas veces. Si tú has sentido algo similar al escribir sobre tu operación no te preocupes mucho por lo que podamos o no pensar los demás. No hace falta que tu próximo post sea de optimismo desaforado. Si es lo que sientes pues mucho mejor, pero si no es así seguro que también nos gustará leerte :)

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  2. A mí me gusta leer todo lo que escribes. Me alegro que salieras bien de aquello. No creo que se trate de aprender nada de esas cosas, o de que tu vida tenga que cambiar radicalmente por ello. Se trata de superarlo y de seguir para adelante. Yo conviví casi siete años con un padre gran inválido por un derrame cerebral...hasta que murió. Esas experiencias angustiosas que te da la vida no enseñan la clave de las cosas ni te muestran la luz, son sólo malos tragos que has de pasar, por desgracia.

    Pero a mí me gusta creer en un especie de justicia poética. Mi primo tuvo leucemia de pequeño; luego, a los seis meses de irse a Madrid por una chica, ésta le dejó y tuvo que volverse a Barcelona. Pero ahora está bien de salud, tiene trabajo y una mujer buena que le quiere. Creo que la vida le debía una sonrisa después de todo eso. Y la tiene.

    Sí, nunca dejes de ir haciendo.
    Un beso enorme.

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  3. Coses2: Tienes razón cuando te refieres al "lastre", es un abocar, sí, aunque a veces tengo la sensación de escribir sobre temas demasiado recurrentes.
    Mac: Sí, quizá tienes razón y no aprendemos gran cosa, aunque el hecho de que somos muy vulnerables, sí, demasiado. Me gusta mucho lo de la "justicia poética". Aún en los momentos más prosaicos de la vida, hay un rayo de poeticidad.

    Bueno, y demás está deciros que a mí también me encanta leeros!!
    Besazos!

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